A UNA COLORINA
La cosa es preguntarse si necesito, colorina y celeste mía,
si necesito ahora, justo ahora,
la sombra de tu juventud inmensa en mi soledad.
Porque no hay vacío más profundo que no sentirte, mi perdida.
Y, sin embargo, no he llegado a sentir tu sentimiento, no he llegado
a sentir la luz certera que te traspasa.
La dirección no era la que querían mis pies cansados, y lo sabía.
Y tuve que dejar tu sonrisa en la oscura nieve que me persigue.
Y tuve que seguir sin sol en el abismo abierto, lo sabía.
No pude dejar de imaginarme, entonces,
lo que sería el infierno: nefasto túnel que no conduce
a tus ojos. Lo tuve por cierto.
Y esa ha sido mi desgracia.



